
Durante mucho tiempo la publicidad de muchas marcas nos convenció de que si nuestro tránsito no era regular, lo que necesitábamos era Bífidus Acti Regularis. De que al llegar el invierno, el cuerpo de nuestros hijos, a pesar de ser el resultado de miles de años de selección natural y evolución, no podría enfrentarse al rigor del mal tiempo sin L- Casei Inmunitas. Y de que tomándonos un yogurt o un vaso de leche con esteroles vegetales, podríamos bajar nuestro colesterol.
De estas tres afirmaciones, sólo una es cierta. ¿Queréis saber cuál? Pues quedaros un ratito conmigo.
El caso Bio (ahora Activia)
¿Qué lleva a una marca de yogures a patentar una cepa de una bacteria estomacal en los años 80? Pues la necesidad de diferenciarse, de quedarse con un segmento del mercado creado por ella misma y, en consecuencia, vender más que los competidores.
Porque un yogur es un yogur. Y la leche es leche. Reto a cualquiera a diferenciar dos leches entre sí, del mismo modo que diferencias un vermut, sólo con el sentido del gusto. A no ser que una sea de pasto y la otra más industrial, todas son muy parecidas. Con lo que destacar frente a la competencia es bien complicado.
De modo que imagino que el departamento de marketing de Danone tuvo la genial idea de dirigirse al mercado de los estreñidos y los conquistó con su famoso descubrimiento: el “yogur” fermentado con Bífidus Acti Regularis, que ayuda a regular tu tránsito intestinal.
La imagen del producto, inicialmente llamado BIO, para un “atascado” era bien atractiva. “Lo que hace en el interior se nota en el exterior”. Y una barriga lisita con una flecha hacia abajo que elegantemente nos mostraba los supuestos efectos del alimento.

Y de repente, todo el mundo con problemas de tránsito compraba Bio (ahora Activia), de cuatro en cuatro, porque aunque fuera por el efecto placebo, parecía que funcionaba. Mi madre siempre tenía en la nevera, y era para ella como el agua de Lourdes: indispensable. Vendieron millones de unidades, y pronto el resto de las marcas empezó a sacar su propia versión de esta leche fermentada con algún tipo de Bífidus (generalmente el Lactis) que se sigue comprando como churros hoy en día.
Sin embargo, a partir de la entrada en vigor del Reglamento (CE) nº 1924/2006 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 20 de diciembre de 2006, relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos (en adelante “Reglamento de declaraciones de propiedades saludables”) y el Reglamento (UE) nº 1169/2011 del parlamento europeo y del consejo, de 25 de octubre de 2011, sobre la información alimentaria facilitada al consumidor, DANONE tuvo que cambiar la declaración “Ayuda a regular tu tránsito intestinal” por la de “El calcio contribuye al normal funcionamiento de las enzimas digestivas“.
¿Por qué?
Porque el Bífidus Acti Regularis, es una sólo una cepa de una bacteria que se encuentra en el sistema digestivo de todos los mamíferos y nunca se ha demostrado una relación causa efecto sobre el tránsito intestinal. Y como ya os conté en el artículo sobre declaraciones de propiedades saludables, para poder hacer dichas afirmaciones sobre un producto, hay que demostrarlas científicamente. Es decir, lo que afirmas tiene que estar probado. Y esto no lo está.
Pero como en cambio sí que está recogido en el listado de la EFSA que “El calcio contribuye al normal funcionamiento de las enzimas digestivas”, y Activia es fuente de calcio pues contiene un 15% de la Cantidad Diaria Recomendada, eso sí pueden afirmarlo en su publicidad.

Con lo cual, que sepáis que lo que realmente contribuye a la mejora del tránsito intestinal es el calcio, presente en la leche y en tantos otros alimentos, no el Bifidus Acti Regularis. Te da igual tomarte un Activia que un yogurt natural, un vaso de leche o un puñado de almendras.
“Pues yo he leído que el yogur es bueno para la diarrea y para el estreñimiento”. Pues sí, porque al ser leche fermentada, contiene, de forma natural, bifidobacterias y otros microorganismos buenos para la microbiota. Pero es lo que os digo, el yogur o el kéfir ya los contienen per se. No necesitan que se les añada un extra de bifidobacterias patentadas a precio de oro.
Algo parecido al caso Activia es el caso Actimel
Antes de la entrada en vigor del Reglamento de declaraciones de propiedades saludables (2010), Danone alegaba que Actimel “Ayuda a tus defensas“. Sin embargo, actualmente declara “Contiene vitamina D y vitamina B6 que ayudan a las defensas”.
Una vez más, y dado el éxito anterior, Danone había registrado la bacteria Lactobacillus Casei DN-114 001 como Lactobacillus Casei CNCM I-1631 a la que llamó comercialmente Lactobacillus Casei Imunitas, atribuyéndole supuestos beneficios para el sistema inmune.
Y de nuevo, como dicha relación causa efecto no ha sido demostrada ni aceptada por el registro de declaraciones saludables de la EFSA, ya no lo puede poner en su publicidad.
Pero como en cambio sí existe la frase: “La vitamina B6 contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario” siempre que el producto sea “fuente de vitamina B6”, Actimel puede utilizarla, pues tiene justo un 15% de la CDR (Cantidad diaria recomendada). Y lo mismo ocurre con la vitamina D que contiene.
Del mismo modo también puede afirmar que “la Vitamina B6 que contiene contribuye a reducir el cansancio y la fatiga”, puesto que es una declaración autorizada.

Así que, una vez más, el responsable de los supuestos beneficios para la inmunidad del Actimel no es el Lactobacillus Casei DN-114 001, sino el calcio y las vitaminas D y B6 de la leche que contiene. Como cualquier otro yogur y cualquier otra leche.
Por último, hablemos del caso DANACOL
¿Quién no ha oído lo de “Danacol ayuda a regular tus niveles de colesterol”? ¿Será también una verdad a medias?
Pues en este caso no, porque se ha comprobado científicamente que una ingesta diaria de 1,5 a 3 gramos de esteroles vegetales reduce el colesterol LDL entre un 7% y un 12,5% en un periodo de 2 a 3 semanas.

Como Danacol contiene esteroles vegetales, puede utilizar la frase que la EFSA autoriza para las marcas que los contengan bajo ciertas premisas. La frase es: “los esteroles vegetales reducen la colesterolemia”.
Y para ello, deben estar dirigidos específicamente a personas que deseen reducir su colesterol, excluyendo a embarazadas, madres lactantes y niños menores de 5 años.
Las personas que ya están usando medicación para reducir el colesterol, deben tomarlo bajo supervisión médica.
Y se aconseja no superar los 3 gramos de esteroles diarios, porque no aportan mayores beneficios y en cambio pueden interferir con la absorción de vitaminas liposolubles, como la E o la A.
¿Cómo funcionan?
Pues bloqueando la absorción en el intestino del colesterol LDL, tanto el de la dieta como el que el hígado libera a través de la bilis. Como su estructura química es similar, compiten con él por su lugar en las micelas (los transportadores de grasa), impidiendo que pase a la sangre a través de la pared intestinal y facilitando su eliminación por las heces.
Y todo esto, sin afectar al colesterol “bueno” o HDL.
Así que ya sabéis, como os digo siempre, leed las etiquetas y que no os den gato por liebre. La publicidad está pensada para hacerte creer y sentir cosas. Y algunas de estas cosas, no siempre son enteramente verdad.
¡Nos vemos la próxima semana!

