¿Cómo salvarle la vida a un alérgico?

¿Cómo salvarle la vida a un alérgico?

¿Tienes algún amigo alérgico y tiemblas de pensar en que tenga una reacción alérgica en tu presencia?¿Y si no es un amigo sino un alumno, un familiar o incluso un cliente de tu restaurante? Quédate que te explico qué tienes que hacer si se da el caso. Créeme que con unas pautas sencillas y un poco de sangre fría, a tu amigo le puedes salvar la vida.

Hace un par de artículos, a cuento del cortisol, contábamos como la adrenalina (o epinefrina) y la noradrenalina son hormonas que se producen en la médula de las glándulas adrenales en respuesta a situaciones de peligro o estrés a corto plazo.

Cuando el cuerpo detecta una situación de alarma inmediata, el sistema nervioso simpático (SNS) tarda milisegundos en liberar noradrenalina y adrenalina para activar la respuesta de “lucha o huida” del cuerpo. Y es precisamente este efecto el que buscan las inyecciones de adrenalina. ¿Por qué?

Porque cuando una persona sufre una reacción alérgica alimentaria pueden pasar varias cosas: que sea una reacción leve, poco más que un picor en la lengua o una tos. O que sea una reacción grave, en la que están comprometidos varios órganos a la vez. En ese caso pueden aparecer:

dolor abdominal
  • Ronchas e hinchazón en la piel, incluyendo labios y lengua.
  • Sibilancias, labios cianóticos y falta de aire en los pulmones por la constricción de los bronquios.
  • Dolores de estómago, náuseas, diarrea y vómitos recurrentes.
  • Bajada de tensión, mareos, pulso débil y desmayos por dilatación masiva de los vasos sanguíneos.

Cuando se dan todos o la mayoría de estos síntomas hablamos de shock anafiláctico.

¿Por qué es fundamental administrar rápidamente la adrenalina en estos casos?

Porque al inyectarla en el músculo, activamos rápidamente la señal de “lucha huida” del cuerpo, aunque su efecto máximo se vaya alcanzando progresivamente.

  • Desvía la sangre a los músculos, y disminuye la permeabilidad de los vasos sanguíneos con lo que, al recibir menos líquidos en los tejidos, las ronchas y la hinchazón se alivian.
  • Aumenta la frecuencia cardíaca, dilata los bronquios, y estimula el corazón para que bombee la sangre con más fuerza llevando su carga de oxígeno a todas partes, con lo cual el alérgico recupera de forma temporal la capacidad respiratoria.
  • Contrae los vasos sanguíneos periféricos con los que recupera la tensión arterial.
  • Se une a los receptores de las células inmunitarias, (mastocitos y basófilos), impidiéndoles segregar más histamina y sustancias proinflamatorias típicas de la reacción alérgica.

Y para conseguir todo eso, estimula la degradación rápida de glucógeno (la forma en que en cuerpo almacena la energía) para obtener energía instantánea en forma de glucosa.

El problema es que el efecto es breve porque el cuerpo la metaboliza rápidamente. Por eso lo ideal es contar con dos adrenalinas, por si la primera dosis es insuficiente, o se empiezan a pasar sus efectos antes de llegar al hospital. Porque no se os olvide que, después de ponerla, hay que ir al hospital para monitorizar y tratar al paciente ante un posible rebote de la reacción.

Visto lo visto, lo lógico sería contar con adrenalinas en los botiquines de los colegios, guarderías, aeropuertos, residencias de ancianos o incluso opcionalmente en restaurantes ¿verdad?

Igual que hay desfibriladores en los centros comerciales porque salvan vidas, parece razonable solicitar que haya adrenalinas en sitios donde un alérgico alimentario puede tener un shock, ¿no?

Pues hoy por hoy, no lo hay. De hecho, una persona no alérgica no puede comprar una adrenalina sin receta para tener, por ejemplo, en su restaurante por precaución.

Y por ello, AEPNAA, la asociación española de alérgicos a alimentos y al látex, lleva tiempo pidiendo a nuestros políticos con mayor o menor fortuna:

  • Disponibilidad de auto inyectores de adrenalina en los botiquines de los espacios públicos y educativos, medios de transporte y lugares de alta concurrencia como estaciones de trenes, aeropuertos, medios de transporte etc, donde una persona alérgica pueda tener un shock anafiláctico.
  • Un protocolo de actuación ante una reacción alimentaria grave unificado para todas las comunidades autónomas.
  • Formación obligatoria del profesorado sobre cómo administrar la adrenalina.
  • Coordinación entre sanidad y educación.
  • Garantías de suministro y acceso rápido en las farmacias a un medicamento que salva vidas.

Sin embargo, y con salvo esperanzadoras declaraciones conjuntas para avanzar sobre esta legislación de parlamentos como el de Madrid, Canarias y Cataluña, e incluso del Congreso de los Diputados, lo cierto es que, hoy por hoy, el alérgico es responsable de llevar la adrenalina/s encima. Y en los coles, los padres deben llevar la adrenalina a enfermería para que la custodien hasta el día, Dios no lo quiera, que el niño la pueda necesitar.

Pero ¿Qué pasa si el niño sufre un shock y no tiene adrenalina o está caducada? ¿Puede el profesor o la enfermera coger la de otro niño y ponérsela? ¿Puede el centro educativo irse a comprar una para ponérsela al niño?

Pues lo cierto es que, aunque esté caducada, y ante la falta de otro medicamento, la adrenalina debe ponerse, pues aún conserva gran parte de sus principios activos.

También se debe coger la de otro niño, si el afectado no tiene, pues no hacerlo puede suponer omisión del deber de socorro, con consecuencias legales. Ya se la repondrá la familia del menor asistido con total seguridad.

Y finalmente, no se debe dejar al niño desasistido para ir a la farmacia a comprar una. Para empezar, porque para comprarla se necesita receta y no te la van a dar. Y en segundo lugar, porque la escalada del shock anafiláctico puede ser muy rápida, y en el ínterin el niño puede empeorar y mucho.

En cualquier caso, ante un indicio de anafilaxia hay que llamar urgentemente al 112. Y esto vale para coles, pero también una fiesta en tu casa o para restaurantes.

Si tu cliente está sufriendo un shock anafiláctico y está con amigos o familiares, lo más normal es que sea él mismo o estos los que se la administren.

No obstante, si tu cliente no puede ponérsela solo, puede pedirte que se la pongas. En ese caso, deberás buscar entre sus pertenencias la “pluma” de adrenalina.

¿Qué es exactamente un auto inyector de adrenalina?

Los auto inyectores de epinefrina o adrenalina son unos dispositivos de inyección, similares a un bolígrafo dentro de un tubo de plástico, en el que viene la dosis necesaria para parar un shock anafiláctico.

Todas las personas con alergias severas llevan, o deberían llevar al menos uno, idealmente dos, consigo, puesto que en ocasiones, una sola dosis no es suficiente para parar la reacción.

Para administrar la adrenalina, hay que sacarla de la caja de plástico y :

1º Hay que desbloquear el aparato retirando la tapa de seguridad de la parte superior (azul o amarilla, según la marca).

2º. Hay que sostenerla con la mano dominante por la zona intermedia, como si se tratara de un puñal, y con el extremo más estrecho, (la parte naranja o negra, según el caso) mirando hacia la parte exterior del muslo, a unos diez centímetros de distancia.

3º. Hay que inyectarla de forma enérgica contra el muslo haciendo presión y se mantiene en esa postura durante diez segundos. Es aquí cuando la aguja que lleva integrada el dispositivo se dispara de forma automática y se inyecta la adrenalina, incluso, con la ropa puesta. Pasado este tiempo, se retira y se masajea la zona durante otros diez segundos.

A continuación os pongo un vídeo para que veáis el proceso: veréis que no es nada difícil y aunque os dé reparo, al alérgico no le duele y de verdad que le podéis salvar la vida.

Tras la administración de la epinefrina, es fundamental, si aún no lo ha hecho nadie, llamar al servicio de emergencias para que acudan cuanto antes al lugar donde se encuentra el cliente que está sufriendo la anafilaxia.

Si los síntomas persisten, es probable que se necesite una segunda dosis de adrenalina, que se administra pasados entre cinco y quince minutos de la primera.

En caso de no saber si realmente se está produciendo un episodio de anafilaxia, siempre es mejor aplicar una dosis de esta medicación que no hacerlo, puesto que los efectos adversos son leves y transitorios. Incluso aunque esté caducada.

Y eso es todo. Ahora ya sabéis cómo ayudar a vuestro amigo.

Por mi parte espero que los desvelos de AEPNAA lleguen a buen puerto, y desde aquí les felicito por la encomiable labor que llevan a cabo. Gracias por representar los intereses de todos los alérgicos alimentarios.

Y a vosotros, os digo lo de siempre: gracias por leerme y hasta el próximo jueves.

¡Buen puente a todos y ojalá que sin sustos!

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