¿Quién no recuerda los grandes botes de kétchup, de no se sabía cuándo, con el pegotón reseco en la punta que había en los bares a disposición de los clientes que pedíamos hamburguesas? ¿Y las aceiteras con su vinagre con madre encima de las mesas donde tomabas el menú del día?
¿Quién no se ha servido azúcar de un azucarero que tenía un grumo duro de alguien que había metido la cucharilla dentro con ¿café? ¿té? ¿agua? ¿Leche?? Vaya usted a saber qué.

Pues queridos amigos, todo eso que teníamos olvidado gracias a los higiénicos envases individuales, vuelve, modificado, como las modas de los 70. Todo sea por el planeta.
Desde la directiva 94/62/CE que regulaba los requisitos de higiene, seguridad alimentaria y control de residuos sobre envases y residuos de envases, nos habíamos acostumbrado a las minidosis como forma de prevenir la contaminación cruzada*, evitar la manipulación de un alimento por varios clientes y de proporcionar más información al consumidor sobre los ingredientes de los productos.
Botecitos de champús en los hoteles, mini pastillas de jabón, sobrecitos de azúcar, kétchup o mostaza, o panecillos envasados individualmente, pasaron a formar parte de nuestro día a día.
De hecho, aunque la ley no obligaba a su utilización, las interpretaciones nacionales de la directiva llevaron a considerar las monodosis como la opción más segura para evitar la contaminación cruzada especialmente de los alérgenos. Y en muchos municipios, las inspecciones sanitarias las exigían para productos como la mayonesa, el alioli, las salsas con huevo o los lácteos, prohibiendo los grandes envases compartidos.

Por su parte, los reglamentos de higiene alimentaria, buenas prácticas y los sistemas APPCC** de seguridad alimentaria en el sector de la hostelería siempre habían recomendado los envases individuales como la mejor manera de evitar la contaminación cruzada de alérgenos, transformando el servicio en algo más ágil y seguro.
Y para los alérgicos, las monodosis eran la manera de asegurarse de que un producto estaba libre de trazas y de su alérgeno, pues el etiquetado de alérgenos es obligatorio sin importar el tamaño del envase.
En otros casos, como ocurrió con el aceite de oliva a partir del Real Decreto 895/2013***, se buscaba evitar que el cliente recibiera gato por liebre, garantizando la calidad y autenticidad del producto. Para ello, se prohibió el uso de aceiteras rellenables y se impusieron los envases individuales de aceite de oliva.
Pero todo llegó a su punto álgido durante el COVID (2020/21), cuando muchas comunidades autónomas recomendaron o exigieron temporalmente monodosis en bares y restaurantes para minimizar el contacto, junto con la eliminación de los envases compartidos y de las cartas de menú físicas.
Desde entonces y en la práctica, los envases individuales y las monodosis han ahorrado muchos disgustos a los hosteleros con los clientes y con las inspecciones, y hasta hace bien poco eran prácticamente de uso obligatorio en según qué contextos, por ejemplo, en el servicio a domicilio.
Y si todo era tan estupendo, ¿Por qué ahora se prohíben?
Pues porque parece ser que Europa genera casi 180 kg de residuos por habitante al año, (datos de 2023), con el plástico representando casi el 20% del total. Y, dentro de ellos, las monodosis son difíciles de reciclar.
Así que el Pacto Verde Europeo ha decidido que hay que reducir los envases de un solo uso y apostar por la reutilización, el reciclaje y los sistema de retorno. Es decir, como cuando llevábamos los cascos de las botellas a devolver, pero ahora con la gratificante sensación de estar salvando el planeta.

De tal manera que la seguridad alimentaria que antes tanto nos preocupaba, ha quedado relegada en importancia frente al cambio climático, como ejemplo de cómo van cambiando las leyes según las prioridades y modas políticas.
El 19 de diciembre de 2024 se aprobó el Reglamento de la UE 2025/40**** conocido como PPWR (Packaging and Packaging Waste Regulation), publicado en enero de 2025 y en vigor desde el 12 de agosto de 2026.
En consecuencia, a partir del mes pasado se prohíben envases monodosis de un solo uso en hoteles y restaurantes como:
- Sobres de kétchup, mayonesa, mostaza y otras salsas
- Tarrinas de aceite, vinagre, mantequilla
- Sobres de azúcar, mermelada, edulcorantes, sal, pimienta
- Leche para café
- Botecitos de champú, jabón o crema
Con la excepción del delivery y los centros sanitarios y asistenciales en los que el uso de las monodosis compostables y los envases individuales esté justificado por motivos sanitarios (colegios, residencias, hospitales).
El delivery se libra temporalmente y puede usar las monodosis de plástico de un sólo uso hasta el 12 de febrero de 2027. A partir de ese momento sólo podrá usar monodosis compostables hasta 2030, y el cliente ya podrá empezar a traer su propio envase para llevarse la comida o la bebida.
Al llegar al 12 de febrero de 2028, el establecimiento de take away deberá ofrecer envases reutilizables con depósito, en lugar de recipientes desechables de un solo uso (como las cajas de las hamburguesas) que quedan prohibidos.
Finalmente, el 1 de enero de 2030 la prohibición se ampliará a todos los envases de alimentos y bebidas de un solo uso, y a todas las monodosis de alimentos, compostables o no.
Con lo cual, el delivery va a tener que pasar de un modelo basado en envases desechables a un sistema completamente reutilizable en 2030, con la logística y trabajo que eso conlleva.
Y en febrero de 2032 se evaluará el impacto positivo que la medida ha tenido en la consecución de los objetivos marcados.
¿Qué pueden hacer los restaurantes con las monodosis de un solo uso que les han sobrado?
Pues llevárselas a casa, o vendérselas a un servicio de delivery, porque en el restaurante están prohibidas y deberán cambiarlas por:

- Dispensadores rellenables o envases reutilizables de loza, acero o cristal.
- Dispensadores cerrados de aceite, vinagre, sal, azúcar.
- Botes con dosificador que impiden la contaminación cruzada.
- Sistemas de “pump” para salsas (kétchup, mayonesa pasteurizada, mostaza).
Los aceites, en concreto, se seguirán sirviendo en botellas no rellenables con su etiqueta de origen, para que el consumidor sepa qué está tomando y la calidad del aceite que se le sirve. Digamos que es una experiencia un poco más gourmet.
¿Y en comedores escolares, hospitales y residencias?
Pues al principio va a ser complicado de implantar, para qué nos vamos a engañar. Porque las monodosis han sido hasta ahora una barrera de protección adicional para los alérgicos.
Y en estos supuestos, donde la seguridad alimentaria debe ser absoluta, su eliminación puede obligar a rediseñar protocolos completos.

Por eso la ley proporciona un cierto margen de adaptación y se permiten las monodosis compostables y los envases individuales que no sean de plástico de un solo uso para personas con dietas especiales.
La UE confía en que los dispensadores rellenables y los envases reutilizables sean igual de seguros, pero los que tenemos alérgicos en casa sabemos que eso no es verdad.
- Hay más posibilidades de contaminación cruzada en un dispensador compartido.
- Es más difícil garantizar la ausencia de trazas en un envase reutilizable. Ya lo tienen que limpiar bien, bien.
- EL etiquetado del sobre individual era seguro. El etiquetado de una salsa a la que pueden haber cambiado la composición, sin haber actualizado el cartelito del comedor con los ingredientes, puede no ser fiable.
- El personal de sala, cocina o comedor puede tener una formación en alérgenos insuficiente.
Y así, una vez más, la agenda pública de los burócratas comunitarios marca el paso priorizando la causa de turno, en este caso la emergencia climática, sobre la necesidad de seguridad de los alérgicos alimentarios y las complicaciones y los problemas que van a suponer para los sufridos hosteleros.
¡¿Qué más dan unos pocos shocks anafilácticos de los alérgicos europeos si así “salvamos el planeta”?!
Y mientras, los chinos, los hindúes y los americanos contaminando como si no hubiera un mañana.
Si es que somos los más guais.
Así que ¡Ánimo hosteleros! Si pudisteis con las mamparas de la ley antitabaco que separaba las áreas de fumadores de las de no fumadores que luego no sirvieron para nada, podréis con los envases compostables y rellenables.
Los alérgicos os apoyamos.
¡Feliz fin de semana a todos. Nos vemos el próximo jueves!
*La contaminación cruzada es la que se produce, normalmente de forma involuntaria, al contaminar con trazas o residuos de un alimento, otro cualquiera. Son los restos de trigo en la máquina del pan sin gluten, o de almendras en el chocolate con leche, o simplemente queso en polvo que cae en el plato de un alérgico a la leche.
**APPCC Análisis de Puntos Críticos de Control. Es el análisis de aquellos puntos de la cadena alimentaria en los que es más fácil cometer un error. Por ejemplo, al amasar el pan puede caerle un objeto. En la freidora podemos mezclar croquetas, que llevan leche, con pollo etc…
***Este Real Decreto posteriormente fue actualizado por el RD 760/2021.
****Este Reglamento sustituye a la Directiva 94/62/CE y es de aplicación directa en todos los Estados miembros.
Descubre más desde ASESORÍA EN ALÉRGENOS
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

