¿Son fiables los análisis de intolerancias de algunas farmacias?

¿Son fiables los análisis de intolerancias de algunas farmacias?

Todos conocemos a alguien que, tras haberse hecho unos análisis de intolerancias en la farmacia, de repente no puede comer prácticamente de nada.

Tenía ciertas molestias digestivas, o cutáneas o vete a saber de qué, y de repente, un ”test de intolerancias” le dice que la causa de su malestar son alimentos que comía con total normalidad y que ya no puede incorporar a su dieta.

Como ya lo tenemos poco complicado para comer sano con la vida de locos que llevamos, añádale usted que no puede tomar tomate, cebolla, leche, gluten, chocolate y berzas por ejemplo.

camarero se equivoca

Lo más probable es que su amigo esté haciendo el canelo, y si vuelve a comer esos alimentos no le vaya a pasar nada. Pero hasta que se dé cuenta, ha tirado su tiempo, su esfuerzo y su dinero sin solucionar sus problemas.

¿En qué me baso para afirmar esto?

En el posicionamiento de todas las sociedades médicas habidas y por haber: desde la AAAI (American Academy of Allergy, Asthma & Inmunology), pasando por la EAACI (European Academy of Allergy and Clinical Inmunology) o la SEAIC (Sociedad Española de Alergología e inmunología clínica), todas coinciden en que los test de intolerancias basados en la IgG, que son los que se hacen en las farmacias y herbolarios, no son fiables ni indican reacciones adversas. Al revés: indican tolerancia. Los únicos test de alergias válidos son los que te hace un alergólogo, y están basados en la medición de la IgE global y la IgE específica entre otras cosas.

Y ¿Qué son las Igs?

sistema inmune virtual

Pues son anticuerpos o inmunoglobinas. El sistema inmunitario se encarga de eliminar las sustancias exógenas o antígenos como virus, bacterias, o células extrañas al organismo. Normalmente, simplemente los destruye sin más, excepto en el caso de las alergias. Aquí el cuerpo se vuelve loco y produce mediadores químicos que desencadenan reacciones o incluso daño celular directo.

El sistema inmune innato es la primera línea de defensa del cuerpo humano. Incluye las barreras cutáneas, las químicas como los ácidos del estómago, e incluso los fagocitos que acuden a defender una herida, cuando está abierta.

El sistema inmune adaptativo, en cambio, tiene memoria y se diseña específicamente para cada anticuerpo o virus y este es en el que nos vamos a fijar.

A la sustancia que nos provoca alergia, sea un poco de huevo o el polen de un árbol se le llama antígeno.

Los anticuerpos específicos para cada antígeno son sintetizados por los leucocitos B, ante la presentación del antígeno por primera vez. Esto se conoce como sensibilización. Es decir, la primera vez que tomas proteína de leche, no te pasa nada, pero creas un anticuerpo contra ella.

Abeja impregnada de polen sobre una flor

Es a la siguiente vez en la que se le presenta ese mismo antígeno, cuando, al unirse ambos, la leche y su anticuerpo, se producen mediadores químicos como la histamina o los leucotrienos con sus correspondientes consecuencias (asma, picores, ronchas etc. etc.)

Los linfocitos B pueden madurar para transformarse en cinco clases de anticuerpos o inmunoglobulinas:

Las inmunoglobulinas A o IgA presentes en la leche materna, confieren protección intestinal frente a virus y bacterias a los lactantes alimentados a pecho. También se encuentra en la saliva y las secreciones intestinales.

Las Inmunoglobulinas D o IgD activan y regulan los linfocitos B, ayudándolos a madurar y evolucionar en sus distintos tipos, aunque aún no se conocen muy bien sus funciones.

La Inmunoglobulina M o IgM es el primer anticuerpo que se produce en presencia de una infección nueva, actuando como una defensa inicial masiva para eliminar y aglutinar bacterias y virus. Su presencia sirve para medir una infección en sus fases tempranas.

Las inmunoglobulinas G o IgG son la memoria inmunológica a largo plazo y por lo tanto, se crean con las vacunas. Son el único anticuerpo que pasa de la madre al bebé. Se utilizan fundamentalmente en temas de investigación. Y son en las que se basan los “test de intolerancias” fake.

anisakis

Por último, las inmunoglobulinas E o IgE, facilitan la eliminación de parásitos, e interviene en las reacciones alérgicas clásicas, las mediadas por IgE, pues provocan una respuesta exagerada frente a determinadas sustancias que para el común de los mortales no son amenazas: polen, alimentos, etc. Son anticuerpos específicos creados contra ellas por un sistema inmune “estropeado”. Un nivel de IgE total alto indica una propensión elevada a las alergias y la atopía. Una IgE específica alta frente al “huevo”, indica mucha alergia al mismo*.

Aunque todo esto parece muy complicado, recientemente hemos usado las inmunoglobulinas en nuestro día a día. Si os acordáis de las pruebas de sangre para detectar el coronavirus, (que no la PCR, que es otra cosa), estas medían la IgM y la IgG. Las IgM se crean y aparecen entre los 7 y los 10 días tras la primera infección, pero una vez realizada su labor, desaparecen. Entre tanto, como a los 3 días de la infección, aparecen las IgG que pueden permanecer en el cuerpo de por vida o no. Por eso hay vacunas que hay que refrescar al cabo de los años.

Y así, cuando una persona se hacía un análisis y solo daba positivo en IgM, se sabía que estaba en las fases iniciales de la infección.

Si daba positivo en las dos, había pasado mas tiempo desde las fases iniciales de la infección y probablemente estaba en su fase aguda.

Si sólo daba positivo en IgG, la fase de infección y de contagio ya había pasado y el individuo había generado anticuerpos frente al virus ¿Os acordáis?

Y es quizás por una interpretación errónea de su rol inmunológico por lo que durante un tiempo, se propusieron las IgG como medidores de las alergias alimentarias.

Se promovió la idea de que los anticuerpos IgG contra alimentos podían causar reacciones inflamatorias retardadas asociadas a síntomas crónicos como hinchazón, fatiga o problemas digestivos. Y se asumió que una IgG alta cuando la IgE era negativa sacaba a la luz una “sensibilidad oculta” o una “intolerancia” que explicaba todas esas molestias digestivas.

Hoy se sabe que los anticuerpos específicos IgG contra alimentos son una respuesta inmunológica normal frente a la exposición repetida frente a los mismos. Representan tolerancia inmunológica. De tal manera que, si en tu dieta diaria hay mucho tomate, probablemente te salga una IgG al tomate elevada.

tomate en rodajas

Y de hecho, según te vas desensibilizando a un alérgeno, pongamos, la leche, la IgG frente a ese alérgeno va aumentando conforme vas aumentando tu tolerancia al mismo, porque vas consumiendo más cantidad. En cambio, la IgE específica para ese alérgeno, al desensibilizarse disminuye, porque el cuerpo deja de considerarlo un enemigo y cada vez produce menos inmunoglobulinas en su presencia.

¿Qué ocurre entonces cuando te haces un test de estos? Pues que te van a salir altas las cosas que más tomas habitualmente, que suelen ser la leche, el pan, algunas frutas y verduras, las naranjas, el chocolate, el atún, el tomate… en fin, lo que más te gusta.

Como consecuencia de esto, la pregunta que nos hacemos todos incluida yo es:

¿Por qué se permite a las farmacias vender un test carísimo sin validez diagnóstica?

Porque lo cierto es que mucha gente, entre ellas yo, tiene a la farmacia por un establecimiento con un cierto prestigio científico, ¿verdad?

Pues por lo mismo de siempre: por dinero. Los clientes lo piden, están dispuestos a pagarlo a precio de oro, y las farmacias tienen que comer.

La legislación española no los considera productos sanitarios diagnósticos regulados estrictamente. Se comercializan como “pruebas de sensibilidad alimentaria” o análisis de laboratorio generales, no como dispositivos médicos para diagnosticar enfermedades.

farmacia

La agencia española del medicamento (AEMPS) regula los test con marcado CE para diagnóstico real (como los basados en IgE para diagnosticar las alergias). Pero los basados en IgG no los regula porque no son herramientas de diagnóstico. Son “herramientas de bienestar” o de “sensibilidad”, lo que permite su venta libre en farmacias, herbolarios o incluso online sin necesidad de prescripción médica.

Como no son medicamentos engañosos, es decir, no prometen curarte de algo, la ley no entra a valorarlos o regularlos, aunque sean inútiles para diagnosticar nada.

Y así, hay un montón de gente que deja de comer alimentos nutritivos y saludables por una prueba cara y sin validez alguna, pensando que “¿cómo me van a vender una mentira en una farmacia?”. Pues sí amigos. Te la venden. Porque la pela es la pela y hay gente con unas líneas rojas un poco laxas por muy farmacéutica que sea.

Así que, por favor no piquéis. Y si ya habéis picado, no hagáis ni caso, y pegaros un homenaje lo que queda de las fiestas. Y si os encontráis mal o tenéis molestias, acudid a un alergólogo o un médico de digestivo para que os haga las pruebas reales. Las de verdad.

Y con la pasta que os vais a ahorrar, podéis invitarme a unas cañas la próxima vez que nos veamos.

¡Que paséis una buena Nochevieja! ¡Feliz Año!

*Los niveles de alergia específica a un alérgeno (IgE específica) se miden en kU/L, o miles de unidades por microlitro.

  • <0,35 kU/L ausente o indetectable. No hay alergia.
  • 0,35 y 0,7 kU/L (clase 1) positivo, pero mínimo. Sensibilización.
  • 0,7 y 3,5 kU/L (clase 2) positivo. De bajo a intermedio.
  • 3,5 a 17,5 kU/L (clase 3) positivo. De intermedio a alto.
  • 17,5 a 50 kU/L (clase 4) positivo. De alto a muy alto.
  • 50 a 100 kU/L (clase 5). positivo. Muy altos.
  • >100 kU/L. (clase 6). positivo. Niveles máximos. la máquina no mide mas de 100.
Logotipo de Asesoría en Alérgenos

¿No quieres perderte ninguno de los artículos semanales de nuestro blog?

¡Pues suscríbete y los recibirás en tu correo todas las semanas!

¡No te preocupes que sólo recibirás un correo semanal. ¡No enviamos spam!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Verificado por MonsterInsights