Sal del Himalaya y agua de las islas Fiyi ¿De verdad?

Sal del Himalaya y agua de las islas Fiyi ¿De verdad?

agua fiji

Hace algunos años ya, mientras hacía la compra en un supermercado Kroger de Texas, no pude evitar fijarme en el enorme palé de bonitas botellas de agua de color azul adornadas con una llamativa flor de ibiscus rosa, que estaba colocando un empleado.

Y, al acercarme, leí en sus etiquetas que venían de las islas Fiyi. En Texas estaban comprando agua de las islas Fiyi. Que están en el océano Pacífico Sur, al este de Australia y al Norte de Nueva Zelanda. Exactamente a 10.648 km de mi supermercado de Houston. ¿De verdad que no hay agua suficientemente buena en toda América del Norte o del Sur, para tener que traer agua de las diminutas y remotas Islas Fiyi?

Pues algo parecido me pasa cuando veo en los estantes de los supermercados españoles los botes de sal rosa del Himalaya. Que está a 8.138 km en el continente asiático. ¿De verdad que no hay sal en todo el continente Europeo suficientemente buena? ¿Tiene el Himalaya sal para todos? ¿ Me estaré perdiendo algo?

Vamos a verlo.

sal rosa del HImalaya

La sal que consumimos en España proviene mayoritariamente de las salinas. Para algo somos un país con 8.000 km de costa. También tenemos un par de yacimientos de sal de mina en Zaragoza y Barcelona.

salinas

Las salinas de Torrevieja (Alicante), que por cierto son una preciosidad al atardecer, son el primer productor de sal de Europa desde tiempos inmemoriales. Los cartagineses ya explotaron estas y otras salinas de la costa murciana, haciendo de la sal uno de sus principales productos de exportación allá en siglo III a.C.

Porque hay que tener en cuenta que los productos en salazón eran los únicos que podían aguantar sin estropearse durante sus largas campañas bélicas. Y durante muchos siglos, la carne y el pescado así conservados fueron la base de la alimentación de las largas navegaciones y de las exploraciones de todos los países.

El sistema de obtención de sal de las salinas es bien simple: se deja entrar el agua de mar en estanques separados por muros de piedra que contribuyen a su evaporación con su propio calor, y la sal que queda se recoge y se filtra para su depuración.

La obtención de la sal de mina es bastante mas costosa. Hay que perforar la montaña o el suelo, e ir sacando los trozos de roca de sal, que luego habrá que convertir en granulado. Si alguna vez habéis visto una lámpara de sal tallada, así salen de la mina.

La primera podrá tener trazas de restos marinos. La segunda de minerales de la montaña. Trazas, pero ya está. Estamos en el mismo caso que os contaba en el artículo sobre el azúcar. Nutricionalmente son exactamente iguales. Pero mientras que la sal de las salinas españolas cuesta 0,4€/kg, la sal rosa del Himalaya cuesta 2,65€ /kg. Seis veces más. Pero oye, es rosa. Lo cual, si eres influencer de Instagram, te puede quedar muy chulo en un plato.

lámpara de sal
Sal maldon

Aunque personalmente, puestos a pagar la sal a precio de oro, prefiero comprar la flor de sal o la sal Maldón* que tienen una textura diferente. Ambas se recogen de la superficie de las salinas para no romper esas escamas crujientes y deliciosas que tan bien quedan por encima de la carne o el pescado. ¿Su precio? Pues 16€/kg, la flor de sal que es española y la Maldón entre 20€ y 105€/kg según el envase, porque viene de Inglaterra.

Por cierto, que he visto que se vende también sal del desierto del Kalahari a 22,60€/kg. Del sur del continente africano ni más ni menos. A 7.770 km de distancia a Madrid. En fin.

Y ¿Qué pasa con la sal yodada? Pues en realidad nada. Su precio es el mismo que el de la sal normal. Desde principios del siglo XX se vio que yodar la sal era una manera sencilla y barata de incorporar yodo a la dieta de la población, especialmente la mas alejada del mar, como modo de prevenir el bocio, el hipotiroidismo, el cretinismo (por falta de yodo durante la gestación y el periodo lactante postnatal) y los problemas de desarrollo en los niños que comían poco pescado y marisco en su dieta.

Porque el yodo es fundamental para la síntesis de las hormonas tiroideas, la T3 o tri yodo tironina y la T4, tetra yodo tironina o tiroxina, y de hecho, el 75% del yodo del cuerpo está en la tiroides. Si no hay bastante yodo, la glándula tiroides no funciona adecuadamente. Y ojo que regula el metabolismo, el desarrollo cerebral y corporal de los niños, la frecuencia cardiaca, el sistema nervioso, la salud ósea y la reproducción. Lo cual, no es moco de pavo.

Se necesitan 150 µg (microgramos) diarios de yodo en la dieta, y simplemente una cucharadita de sal yodada contiene 400 µg. Y aunque el exceso de yodo también es perjudicial, es muy raro que se alcancen las cantidades tóxicas con una dieta mediterránea.

Así que, como siempre, si queréis la mejor sal al mejor precio, probablemente vuestra sal es la marina de cualquiera de las salinas de España, yodada o no. ¿Que queréis elevar ese solomillo con un toque gourmet? Definitivamente la flor de sal. ¿Buscáis una sal vistosa para las fotos? La sal rosa del Himalaya. O, si lográis encontrarlas, la negra o la roja de Hawai, la azul de Persia, o la gris de Guérande (Francia).

sal negra

Para gustos y bolsillos, los colores, y nunca mejor dicho.

¡Hasta la próxima semana!

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