
Los padres que van a hacer la compra y pasan por las secciones de cereales, bollos, zumos, batidos y galletas, están más que acostumbrados a ver en el envase de muchos de estos comestibles, un cuadradito que parece un semáforo. Es el llamado Semáforo Nutriscore, una etiqueta frontal de tipo FOPL (Front of pack labelling), con la que se pretende facilitar de un vistazo, la comprensión de la composición nutricional de un alimento procesado.
Esta información nutricional obligatoria, normalmente viene en una tabla con las calorías, los hidratos de carbono especificando los azúcares, las grasas especificando las saturadas, la sal, y las proteínas, por cada 100 gramos y por ración.
Sin embargo, a pesar de tener a la vista todos estos datos, mucha gente no les presta atención, o no los sabe interpretar.

Es por ello que las autoridades europeas promueven el uso de este tipo de etiquetas voluntarias Nutriscore, con el objetivo de facilitar al consumidor las elecciones alimentarias más saludables, y de impulsar a los fabricantes a mejorar la composición de sus productos alimenticios.

El semáforo Nutriscore tiene un funcionamiento bastante intuitivo, (verde es “adelante” y rojo es “párate y piensa”). Para los daltónicos, “A” es la mejor nota y la “E”, es la peor.
El algoritmo que calcula el perfil nutricional de un alimento es el de la Agencia británica de estándares nutricionales (FSA-NPS, de las siglas en inglés Food Standars Agency-Nutrient Profile System), ampliamente validado y utilizado a nivel internacional. La clasificación que obtiene un alimento es el resultado del cálculo que se realiza a partir del contenido en nutrientes y componentes que se reflejan en la información nutricional por cada 100g/100 ml del producto, y a los que se asignan puntos favorables o desfavorables.
Se valoran positivamente los alimentos con mas fibra y proteínas, frutas y hortalizas, aceite de oliva, colza o nuez, y negativamente aquellos con mas grasas (especialmente las saturadas), azúcar, calorías y sal.
La asignación de las letras y los colores se calcula según un método desarrollado por científicos de diferentes países en el Centro de Bioestadística Sorbonne, para facilitar la compresión por parte de la población consumidora, incluida la española.

Y aunque visto así, aparentemente el sistema es una buena idea, nada más salir al mercado en 2021, multitud de dietistas y nutricionistas comenzaron a criticar el Nutriscore. ¿Por qué?
Pues para empezar, porque, elaborado como está por una agencia británica, inicialmente no se adaptaba bien a la dieta mediterránea, considerada la mejor por las autoridades nutricionales de todo el mundo.
Por ejemplo, castigaba muchísimo al aceite de oliva, al que inicialmente se asignó una C, aunque estaba mejor clasificado que otros aceites como los de soja, girasol (el segundo consumido por los españoles) y maíz (clasificados D). También calificaba mejor, sólo faltaba, que las grasas de origen animal como la mantequilla y los aceites de coco y palma (clasificados E).


Penalizaba sin compasión al jamón ibérico, (C) en este caso por la sal de su curado, sin tener en cuenta ni el origen ni la calidad de su proteína ni de su grasa, (como sus ácidos grasos mono insaturados y poli insaturados*), de tal manera que consideraba mas saludables unos cereales de chocolate, que una tostada de jamón. (Yo creo que esto nos los tomamos en España como un ataque patrio).
El algoritmo tampoco tenía en cuenta el nivel de procesado de los alimentos. Así, por ejemplo, los refrescos light, no estaban penalizados porque no contenían azúcar, a pesar de ser poco o nada saludables. Y se daba la paradoja de que tenían mejor clasificación que un vaso de leche.
Y tampoco consideraba el valor esencial de minerales, vitaminas, ni de otros compuestos bioactivos con funciones fisiológicas, imprescindibles para una buena nutrición.
- Algunos frutos secos, concretamente los anacardos, tenían una letra C, la misma clasificación que los frutos secos fritos.
- Había churros congelados, con la letra B, y patatas pre fritas, peladas y congeladas con la letra A sin tener en cuenta que ambos tienen que ser fritos para consumirlos, con lo que la valoración cambiaría.
- Y luego está uno de los errores más criticados por nutricionistas: el de algunos yogures sabor a fruta azucarados, que también tenían la letra B, al igual que algunos cereales de desayuno infantiles azucarados, porque tenían muchas proteínas.

Recogidas todas las quejas, se reelaboró el algoritmo en Enero de 2024, y se dio dos años de carencia a las marcas para adaptar sus etiquetas. Esto quiere decir que hasta 2026 es posible que os encontréis productos con una etiqueta que contiene la valoración Nutriscore según los parámetros originales. (Estoy segura que, por ejemplo, “Chocapic” que pasa de una A a una C, va a intentar aprovechar todas las cajas antiguas que pueda).
En el cálculo del nuevo algoritmo:

No sólo se penalizan aquellos alimentos con componentes que consideramos no deseables, como la sal o el azúcar, sino que se favorecen aquellos alimentos que consideramos deseables en la dieta mediterránea, como las frutas, las legumbres, los frutos secos, los cereales y el aceite de oliva, que ahora tiene una clasificación B claro.
Y distingue entre los distintos tipos de grasas y e hidratos de carbono.
Teniendo en cuenta todo esto y sabiendo que las marcas siempre van a intentar retorcer el algoritmo para alcanzar la mejor clasificación, ¿para qué sirve y para qué no sirve el semáforo Nutriscore?
Sirve para:
- Comparar productos similares de distintas marcas, por ejemplo, cereales de desayuno chocolateados de distintas marcas.
- Comparar productos de la misma marca y el mismo tipo entre sí. Por ejemplo, para ver cuál de los cereales de la marca “Fulánez y Mengánez” es más saludable.
- Comparar productos que se consuman para la misma ocasión (postres, meriendas etc.) ¿Qué es mejor, el donut de chocolate o la caracola?
No sirve para:
- Clasificar un alimento como saludable o no saludable.
- Comparar productos de distinto tipo (refrescos con pizzas, jamón con galletas).
- Comparar con productos que no llevan Nutriscore.
¿Quiere decir esto que no debería consumir nunca un producto con la letra D o E? No. Pero sí, que quizás deberías dejar su consumo para darte un capricho o para ocasiones especiales.
Hasta la próxima semana!
*Los ácidos grasos mono insaturados como el aceite de oliva, y poliinsaturados como el omega 3 y 6, son mayoritariamente de origen vegetal. Y líquidos. Su consumo como fuente de grasas es saludable. Los ácidos grasos saturados, son mayoritariamente de origen animal, son sólidos y aumentan el colesterol.
Fuentes:
https://www.aesan.gob.es/AECOSAN/web/para_el_consumidor/seccion/informacion_Nutri_Score.htm


Queda claro! Muy interesante!
Madre mia! Hasta donde llegan las marcas para engañarnos! Por eso es tan importante informarse. Sobre todo si se quiere comer sano. Yo de momento seguiré tomando mis heladitos pero está bien saberlo para cuando quiera empezar a comer bien jj 😂❤️