Entendiendo los Números E en los Alimentos

Entendiendo los Números E en los Alimentos

La semana pasada os contaba cómo, antes del RD 1169/2011, todos los padres de alérgicos íbamos a la compra con la lupa y la lista de números E prohibidos para nuestros hijos.

Todo eso cambió en la Comunidad Europea con el bendito decreto, pues como os contaba anteriormente, ahora, si un producto lleva una traza de alérgeno, debe reflejarlo en la etiqueta con una tipografía destacada.

Pero, a pesar de este alivio, no está de más saber un poco más sobre los famosos números E en los alimentos, seamos o no alérgicos.

Etiqueta de un alimento elaborado que contiene números E
Los números E están en casi todos los alimentos elaborados

¿Qué son los números E o aditivos?

Los aditivos o números E son sustancias que pueden ser naturales o artificiales, añadidas al alimento para mantener o mejorar sus características físicas o sensoriales. Y esta puntualización es importante porque mucha gente asocia directamente un número E con una sustancia artificial.

En Europa comienzan por la letra E de Europa, en Latinoamérica por la expresión SIN, por Sistema Internacional Numérico, y en Estados Unidos y resto de países por INS, por International Number System. El aditivo y su número, siempre es el mismo, aunque su aprobación, cantidades permitidas y aplicación autorizada varían.

Algunos son COLORANTES, como los que empiezan por E-100. Aquí nos podemos encontrar el caramelo E-150, o el E-120 utilizado en todos los productos que se quieran teñir de un bonito color rosa elaborado a partir de cochinilla machacada (Dactylopius coccus). Es lo que se conoce como “carmín” y se lleva usando en alimentación desde los tiempos de los mexicanos precolombinos. Por cierto que también se ha usado en la elaboración de barras de labios. Abajo tenéis la foto por si no os lo creéis.

Otros son CONSERVANTES, y retrasan el deterioro. Son los E-200 y aquí podemos encontrar los sulfitos presentes de forma natural en el vino, pero también añadidos a zumos envasados, mermeladas o patatas fritas por ejemplo.

Los E-300 son los ANTIOXIDANTES, como por ejemplo el (E-300) o vitamina C , los lactatos de la leche, o la lecitina de Huevo (E-322).

Bajo el número E-400 se hayan los EMULGENTES, ESTABILIZADORES Y ESPESANTES, y es aquí donde se encuentran la mayor parte de los derivados de los alérgenos con propiedades emulgentes, como por ejemplo los aceites de soja oxidados (E-479) o la caseína de la leche (E-4512).

los E-500 son los REGULADORES DE LA ACIDEZ, que mantienen el PH del alimento en un rango aceptable para nuestra salud y nuestro paladar, como el conocido y usado bicarbonato sódico (E-500i).

Los E-600 son los POTENCIADORES DEL SABOR, entre los que se encuentra el famoso y adictivo (E-621) Glutamato Monosódico, presente en todas las patatas fritas y snacks que nos pierden, por lo menos a mí.

Y por último, dentro de los E-900 encontramos un VARIADO: edulcorantes como el aspartamo E-962 y otros edulcorantes como el maltitol E-965i o el eritritol E-968, los revestimientos de grageas, ceras, parafinas, etc.

Pero entonces, ¿Los números E no son siempre sinónimo de un alimentos lleno de productos químicos?

Pues no. No siempre la presencia de números E en los alimentos implica un añadido de productos artificiales.

Es verdad que últimamente muchas empresas intentan vendernos sus productos como “NATURALES” con envases que destacan frases como “SIN ADITIVOS”, o “SOLO CONSERVANTES NATURALES”. Muchos de ellos, como habéis visto, siguen siendo números E.

Pero, desde mi punto de vista, no siempre la presencia de un aditivo químico, ha de ser necesariamente mala. Muchos conservantes evitan el deterioro rápido de un alimento que, de otra manera, podría llegar a ser peligroso tras poco tiempo elaborado. Estoy pensando por ejemplo en una mayonesa, pero hay muchos mas casos.

La Unión Europea está constantemente revisando la idoneidad para la salud de cualquier aditivo permitido dentro de nuestras fronteras, y ante la mínima señal de alarma, el aditivo en disputa es puesto en cuarentena y prohibido si es necesario.

De hecho, hay aditivos autorizados en EEUU que no se permiten en Europa. Por ejemplo, el Bromato de potasio, un mejorante panario que se utiliza muchísimo allí. El dióxido de titanio E-171, el aceite vegetal bromadoE-443, la azodicarbonamida E-927a y el propilparabeno E-217.

Nuevas estrategias de etiquetado de algunas empresas

En cualquier caso, si queréis comprar productos libres de aditivos artificiales, debéis tener presente una estrategia que se da últimamente en el etiquetado de muchas empresas de alimentación.

Las productoras de alimentos saben que hay un amplio porcentaje de la población que no desea tomar aditivos químicos, y también saben que muchas personas asocian los números E con ellos. Así que, de un tiempo a esta parte, se ven más etiquetas con la descripción del aditivo, “glutamato monosódico”, que con su número E-621.

Y así, si vamos comprando con prisa, es posible que nos llevemos a casa un producto con un conservante o colorante de cuya presencia no nos hemos dado cuenta y que no queríamos consumir.

Además, para los alérgicos que viajan a países donde la legislación en materia de información alimentaria no está tan desarrollada como en Europa, no está de más saber qué aditivos pueden tener trazas de su alérgeno y evitarlos.

Está visto que no nos libraremos de la lupa. Al menos viajando.

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