En esta época en la que las autoridades insisten constantemente en las bondades nutricionales de comer insectos, me ha parecido interesante contaros qué “bichos” llevamos muchos años comiendo sin ser conscientes de ello.

Hay una cochinilla, el Dactylopius Coccus, cuyo jugo al ser machacado, el carmín, se vende desde hace siglos como colorante alimentario natural de color rosa. Y así, cada vez que te pintas los labios o te comes un helado de fresa o una gominola de delicioso aspecto, es posible que te estés comiendo una familia entera de estas pequeñas cochinillas que se suelen cultivar en chumberas. Sólo las hembras, eso sí.
En alimentación se le conoce con el nombre de colorante E-120 o colorante rojo natural N.º 4.
Asimismo, cuando nos tomamos una chocolatina o unas bolas de cereales con agente de recubrimiento E-904, nos estamos tomando goma laca, una resina natural que se obtiene a partir de los excrementos de los parásitos de la laca o larvas de la laca, (Kerria Lacca y Kerria Yunnanensis). Como curiosidad, destacar que se necesitan uno 30.000 insectos para obtener un kilo de laca.


Pero esto no es todo. En 2021 la Unión Europea aprobó el consumo humano del gusano de la harina (tenebrio molitor larva) como snack o ingrediente para elaborar otros alimentos. En 2023, se le unieron el escarabajo del estiércol (Alphitobius diaperinus) y el grillo doméstico (Acheta doméstico).
Y empezamos este 2025 con la aprobación de la solicitud de la empresa francesa Nutriearth para comerciar el polvo de larvas enteras de tenebrio molitor tratadas con radiación ultravioleta. Parece ser que el tratamiento eleva los niveles de vitamina D3. En fin.
Y así, la lista completa el listado previo de insectos aprobados para el consumo humano en la CEE que incluía también, la langosta migratoria (locusta migratoria).
Desde su aprobación, han ido apareciendo productos en cuya composición figura la harina de grillo, mas barata que la común, y de declaración obligatoria por ley, sin que el usuario se dé cuenta, a no ser que lea la etiqueta, de que está consumiendo insectos.
Dichas harinas pueden formar parte de multitud de productos: desde barritas de cereales, a sopas y concentrados, panes y bollos, pizzas, bebidas, chocolates o aperitivos, productos de patata o queso e incluso compotas de frutas.
Y es importante saberlo, puesto que los insectos y los gusanos, si bien inocuos en estas cantidades para la mayoría de la población, pueden provocar reacciones alérgicas a los alérgicos a los crustáceos, los moluscos y los ácaros del polvo, por reactividad cruzada. Aunque resulte chocante, lo cierto es que los ácaros del polvo, los crustáceos, los moluscos y algunos insectos comparten proteínas, siendo la más relevante la tropomiosina. Y por ello, al estar presente en el caparazón de la larva, puede provocar reacciones.
Así pues, mucho ojo con las etiquetas, queridos lectores. Que la decisión de consumir insectos o no, sea enteramente vuestra.

