Aunque la alergia al pescado puede darse en la infancia, su prevalencia es mayor entre adolescentes y adultos.
Casi el 40% de las personas tienen su primera reacción alérgica al pescado en la edad adulta. Y esto, ¿Por qué puede ser? Pues porque hay al menos cinco motivos por los que un pececito te puede causar una enorme malestar.
El primer motivo es que tengas alergia a las proteínas del pescado.
Si habéis seguido mi blog un tiempo, ya sabréis que las alergias alimentarias las causan las proteínas de los alimentos. En el caso del pescado, las responsables de la alergia son las parvalbúminas, proteínas del tejido muscular, que además son termorresistentes, es decir, no se destruyen al calor de la cocción. Como los pescados blancos tienen mayor concentración de parvalbúminas, suelen dar más alergia que los azules.

Para aquellos que no lo sepan, la diferencia entre pescado blanco y pescado azul la marca la cantidad de grasa que tiene cada uno, y ésta viene determinada por su forma de vida. Como los pescados blancos viven en zonas más profundas, son mas sedentarios y por tanto, tienen poca grasa, menos del 2%, depositada en el hígado. En cambio los azules, especies migratorias que nadan largas distancias, son mucho mas activos, necesitan mas energía y tienen mas reservas de grasa repartidas por todo el cuerpo (entre un 5% y un 15%). Esta grasa insaturada es la que les da el color azulado y está en forma de los famosos Omega 3.
Como curiosidad, que sepáis que, aunque el bacalao fresco es un pescado blanco, es considerado pescado azul cuando está seco, porque al perder la mayoría del agua, aumenta su porcentaje de grasa sobre el peso total.
En la población española, el gallo es el pescado que más alergias produce, seguido de la merluza, la sardina y el bacalao.
Hay mucha reactividad cruzada entre el bacalao, el abadejo, el salmón, la trucha, el atún, la anchoa y la caballa por lo que la persona alérgica a uno de estos pescados, lo suele ser también al resto.
En cambio, en principio, no deberíamos tener problemas con el marisco, porque las proteínas encargadas de desencadenar la alergia son diferentes en ellos: son las tropomiosinas.
La segunda causa es que sufras una anisakiasis.
El anisakis es un parásito con forma de gusanito que vive en el tracto digestivo de mamíferos marinos, como la ballena o los delfines, en los que coloca sus huevos.
Cuando la ballena defeca, los huevos salen al exterior con las heces y eclosionan en el agua marina, liberando larvas de fase I. Pasado un tiempo, mudan a larvas de fase II, y son comidas por pequeños crustáceos como el krill, que actúan como primeros huéspedes intermedios.
Dentro del crustáceo, las larvas se encapsulan y esperan a ser ingeridas por un pez o cefalópodo. Han pasado a la fase III.
En el pez, las larvas se alojan principalmente en las vísceras, aunque pueden pasar al músculo si el huésped fallece. Y es en esta etapa, en la que el ser humano se puede contagiar si se come uno de estos pescados crudos o poco cocinados.

Si el pez es ingerido por un mamífero marino, la larva muda a la fase IV en su tracto digestivo. Se ha convertido en un adulto, se reproduce, y comienza de nuevo el ciclo.
Las larvas son visibles a simple vista, miden entre 2 y 3 cm, son blanquecinas y tienen forma de espiral, aunque a veces están enquistadas en el músculo del pez y son más difíciles de detectar.

Los síntomas de una infección por larvas de anisakis en fase III o anisakiasis, aparecen dentro de las 24 horas siguientes a la ingestión, y causan problemas digestivos como dolor abdominal intenso, náuseas, vómitos, o diarreas. Las larvas penetran la mucosa del estómago, (en el 90% de los casos), o el intestino. La infección ha de ser tratada con protectores gástricos, corticoides y a veces incluso gastroscopia.
En la mayoría de los casos, las larvas mueren espontáneamente en el tracto digestivo al cabo de unas dos semanas, pues los humanos somos huéspedes accidentales, no idóneos para pasar a la fase IV.
El tercer motivo es que tengas alergia a las larvas de anisakis en fase III.
En este caso, incluso si las larvas están muertas, pueden provocar urticaria o anafilaxia en personas ya sensibilizadas, es decir, en sujetos que ya han ingerido anteriormente un pescado con anisakis y han desarrollado anticuerpos, de tal manera que se han vuelto alérgicos a las larvas de anisakis en fase III. Y esto es un verdadero problema.

En cuarto lugar, podemos sufrir escombroidosis.

Un envenenamiento causado por la mala conservación y almacenamiento de los peces de la familia Scombroides, (atún, caballa, sardinas, anchoas) u otras especies como el mahi-mahi o el salmón.
Conforme van pasando los días, en los pescados mal almacenados comienzan a proliferar bacterias que convierten la histidina, (un aminoácido presente en los pescados), en histamina hasta alcanzar niveles tóxicos.
Los síntomas aparecen al poco tiempo de la ingesta, e incluyen enrojecimiento, urticaria, dolor de cabeza, mareos, palpitaciones, y a veces, dificultad respiratoria. Parece una reacción alérgica, pero en realidad es una intoxicación.
Como pista, que sepáis que al pescado en mal estado lo delata el olor a amoníaco. Y no, no es el olor de los conservantes, como me quisieron hacer creer a mí en una ocasión. Es el olor a podrido.
Y por último, puedes ser alérgico a los sulfitos y los conservantes que se utilizan con el pescado.
Como verás, hay muchas razones por la que ese pescadito te ha podido sentar mal.
La nueva moda de comer pescado crudo que hemos importado de las cocinas asiáticas o americanas, (sushi, sashimi, poke bowl, ceviche, etc), ha disparado los casos de anisakis entre un 20% y un 50% en Occidente en los últimos 20 años.
Y ojo con el pescado importado. En China, el 42% del pescado muestreado en 2024 estaba infectado, así que no me extraña que aquellas madres de hace unos años, se negaran a que les dieran panga de piscifactoría china a sus hijos en el menú del colegio.

¿Mi recomendación? compra pescado nacional, cocínalo a más de 60ºC o bien, si lo vas a tomar crudo o semicrudo, congélalo al menos durante 5 días. Ten en cuenta que el congelador doméstico no suele estar a menos de -18 o -20ºC. Si puedes, bájalo a -20ºC. En los restaurantes, cuyos congeladores tienen temperaturas de -35ºC, con 15 horas sería suficiente para matar las posibles larvas.
Y ahora no le cojas miedo al pescado. Es uno de los alimentos más sanos que hay. Para disfrutarlo, sólo hay que tomar las precauciones de higiene adecuadas y comprarlo en establecimientos de confianza. Y con eso, puedes sentirte seguro.
¡Un saludito y hasta la semana que viene!

